Sentado en la hamaca, las gotas de lluvia golpeaban el porche, el reflejo de la luna aún tornaba de azul las frías aguas del lago, era una noche preciosa, pero tú no estabas junto a mí.
Hubo un tiempo en el que disfrutábamos unidos de la mano, tumbados sobre el suelo de madera de nuestra pequeña casa de campo, unas veces contábamos estrellas, otras las formas de las nubes, y otras simplemente disfrutábamos de nuestra compañía.
Mi vida se ha tornado grisacea, las estrellas y la Luna ya no brillan, son reflejos que ni siquiera alcanzan para alumbrar mi alma, el Sol cada mañana sale despertándome del único lugar en el que aún puedo verte, en el único momento en el que aún estoy a tu lado. ¡Maldito Sol! Me desprende de los únicos instantes junto a ti.
Antes pasaban días, luego meses, ahora pasan años y sigo pensando en ti, sigo acostándome cada noche acaricianzo la almohada vacía, hablándote hasta quedar dormido, pero tú sigues sin estar a mi lado.
Cuando me preguntan si estoy bien, que si ya lo he superado, he de decir que sí, pero en el fondo de mi ser, en lo más profundo de mi corazón sigues estando tú, sigue estando tu fragancia, siguen estando tus palabras, siguen estando tus besos, pero sobretodo, sigue estando tu amor, aquel amor que perdí hace tiempo, aquel amor que jamás recuperaré, aquel amor que tantas alegrías y llantos me produjo. Aquel amor... que ya desapareció.