lunes 19 de septiembre de 2011

Mi vida... En otro país

Bajo del avión, aquí hace mucho frío y nos han hecho ir caminando por la pista hasta la única terminal del aeropuerto. La gente está tiritando, puedo distinguir por su idioma a ingleses, rusos, alemanes y algún japonés; yo soy español, pero parece que soy el único, así que prosigo mi marcha sin conversar con nadie.

Cuando salgo del aeropuerto, cojo el primer taxi y le digo la dirección de la residencia "Ciervo", que será mi casa durante estos 9 meses. El paisaje durante el largo viaje es precioso, está todo nevado, paso por una carretera abierta en medio del bosque, el límite es de 60 km/h pero no me importa. La gente lo respeta y no supera los 58, no hay radares, ni mucha policía, sin embargo el conductor me dice que se respira mucha paz.

Tras 2 horas de viaje, llego a la residencia, menos mal que hablan inglés, así, en ese idioma, me presento y me llevan a mi habitación. En principio iba a ser una habitación individual, pero finalmente tengo que compartirla con otro chico, se llama Otto y es japonés.

Durante los primeros 3 meses aprendo el idioma del país y voy a clase, conozco mucha gente y salgo de excursión todas las semanas. En navidad debería volver a casa, pero me quedo porque este país me ha enamorado, sus paisajes, su gente, su modo de vida...

Otto y yo nos llevamos muy bien y decidimos ir a pasar el fin de año en una casa típica de ese país con otros amigos, la fiesta es increíble a pesar de que no cuenta con ningún medio moderno. Todo está sin electricidad, ni agua corriente. Tenemos que caminar 1 kilómetro para encontrar la fuente de agua y volver a casa, el camino está cubierto de nieve y es fácil perderse, pero con las gentes del lugar, se llega muy bien y con buena conversación.

Los últimos días de mi viaje los pasé con Otto, Ra y Miguel (ambos italianos) de excursión por los países vecinos, ya había aprendido japonés, (bueno, tan sólo un poquito jeje) de tanto hablar con Otto y a veces nos comunicábamos así. Cuando iba a coger el avión de vuelta a España, me quedé ensimismado por el paisaje que pude disfrutar por última vez.

Ya han pasado varios años y creo que me iré a vivir allí. Otto va cada año porque tiene mucho dinero y me invitó a pasar un mes en su casa el año pasado. Tiene una casa pequeña con un jardín delantero y uno trasero, pero al tener dinero se lo puede permitir.

Yo, enamorado de un país, cuento los días antes de volver allí.

lunes 12 de septiembre de 2011

Malas noticias - Buena compañía


Salí del médico con malas noticias, me tenían que trasplantar porque si no podría morir, la operación era complicada y tenía mucho miedo. Llegué a casa y preparé la cena, tú llegabas cansada, así que decidí no contarte nada ese día. Cenamos, vimos un poco la tele y nos fuimos a dormir.

Miré el reloj, eran las 5 de la mañana. Seguías dormidita a mi lado, tus brazos me rodeaban y yo me sentía muy afortunado, tenía la vida perfecta y la perfección de esa vida, eras tú. Te miré fijamente, sonreí y me dormí.

Pasaban los días y cada noche seguía durmiéndome a tu lado, cada noche me abrazabas y me besabas antes de dormir, se te notaba feliz y yo no quería darte la mala noticia y destrozarte la feliz sonrisa con la que vivías cada día.

Se acercaba el momento de la operación y no sabía cómo decírtelo, te necesitaba más que nunca, pero no podía ni siquiera hablar contigo sin enfadarme por no saber cómo decirte lo mucho que ansiaba tu compañía y tu sonrisa. Cada vez hablábamos menos y tú querías marcharte de mi lado porque ya no te hacía sonreír, ya no eras feliz conmigo. Tenías la maleta preparada e ibas a decirme que te marchabas. Yo ese día llegaba del médico frustrado y triste con la noticia de saber la fecha exacta de la operación. Faltaba 1 mes.

Abría la puerta con desgana y saludé con un hilo de voz, debía decírtelo pero no sabía cómo hacerlo, no quería perderte. Caminé hasta el salón con los pies arrastrándose poco a poco, cruce el umbral de la puerta y te vi sentada en el sofá, te miré y tu cara estaba inexpresiva, con la mirada baja. Cuando conseguí saludarte, tú mirada se cruzó con la mía y tan sólo me pediste que me sentase a tu lado, teníamos que hablar.

La maleta estaba preparada en uno de los laterales del sofá, lejos para que yo no pudiese verla, tú estabas sentada en el sofá con la manta tapándote medio cuerpo.

– Tenemos que hablar – tu voz, dulce como la miel, sonaba distante. Yo me recosté en tus piernas y cogí tu brazo con el que me rodeé la cabeza y lo abracé con fuerza.

– ¿Qué te pasa? – Me preguntaste con voz cansada, yo, sabiendo que debía contestar, dije:

– Pues… (Titubeaba) Vengo del médico y (realmente estaba temblando, notaba cómo me temblaban las piernas y los brazos, tenía frío y sudaba). No he querido decírtelo antes porque no quería estropearte tu felicidad. Me tienen que operar en un mes (tú mantenías un silencio sepulcral así que decidí continuar hablando), perdón por no haberte hecho reír últimamente, he estado muy nervioso y no tenía fuerzas ni de hablar contigo y contártelo porque no quería hacerte sufrir. Pero te necesito a mi lado, necesito tu amor y sobretodo, tu cariño.

Noté cómo me abrazabas con fuerza, me levantaste la cabeza y con la manta tapaste la maleta para que nunca supiese que estuviste a punto de irte. Me cogiste la cabeza, me miraste fijamente durante un minuto, tus ojos estaban llenos de lágrimas, pero ya no se notaban distantes, sino que los sentía más cerca que nunca, te sentía más cerca que nunca. Acercaste tu boca a la mía y sin llegar a besarme…

– Te quiero cielo – Tras esas palabras, me besaste y me abrazaste con fuerza, desde ese momento supe que jamás podría vivir sin ti y que lucharía toda mi vida, por hacerte, sonreír.

Te conté lo del médico y supe que jamás volvería a sufrir.

martes 6 de septiembre de 2011

Mi amor imposible

Mis amigas y yo siempre hemos tenido suerte con los chicos, pero un día Silvia me destrozó el corazón. Durante el verano, íbamos todos los días a la piscina y este año, por fin, trabajaba un socorrista con el que daban ganas de alegrarse, seguro que me entendéis :p

Cada día intentaba hacer lo posible para llamar la atención, pasar cerca de él para que se fijase en mí, pero al cabo de varias semanas, terminé entendiendo que prefería a mi amiga, ella no había mostrado interés hasta que yo le dije lo que pensaba. Entonces, incluso quedaron una noche para pasear. Yo les espiaba y vi todo lo que hicieron.

Ésa no fue la única noche que quedaron, sin embargo tan sólo se habían dado un beso de despedida una de esas noches, paseaban de la mano, como una pareja, pero luego se despedían como dos amigos.

El último día de piscina, el socorrista se bañó con todo el mundo, hizo piruetas con los chicos y agüadillas a algunas de nosotras, pero a la hora de cierre ahí estaban ellos abrazados, fundiéndose con el agua, se miraban intensamente, lo suyo era un amiro imposible, él marcharía para siempre, pero estoy segura de que ninguna mujer en su sano juicio pudiera olvidar ese momento.

Esa noche fue su última noche, yo decidí no seguirles esta vez, pero por lo que me contó mi amiga el día siguiente, su noche de amor fue completa y jamas le olvidaría (yo aún estoy enamorada de sus bonitos ojos, marrones verdosos, y de su sonrisa) y mi amiga habla de vez en cuando con él, espero tener la oportunidad de pode verle alguna vez, por eso aliento a mi amiga a seguir hablando con él, sabiendo que mío nunca será.

Escuchar

Diario de a bordo, Día 16 de febrero de 2011.

Continuamos vagando por el mar, hoy reflexionaré...

Escuchar hoy en día es algo de lo que nos hemos olvidado en vez de escuchar y después actuar, lo que hacemos es actuar como se dice vulgarmente, “sin pensar”, y ni siquiera somos capaces de escucharnos a nosotros mismos, ¿cómo íbamos a poder escuchar a los demás?

“Somos egocéntricos”, escribió una vez una antigua amistad y la verdad es que tiene parte de razón, sin embargo, y sin ánimo de ofender, he de añadir que muchas veces ni siquiera somos egocéntricos, es decir, ni siquiera pensamos en nosotros.

Un “estatus” de amigo lleva de forma inherente la capacidad de es cuchar y de velar por su recíproco. Sin embargo, de vez en cuando la vida nos envía a una realidad paralela en la que un amigo piensa en sí mismo destrozando los sueños y las ilusiones de aquella persona a la que debía apoyar incondicionalmente.

Aunque para ser plenamente objetivo, hay que admitir que no todo está perdido, aún hay una parte, “La Résistance” compuesta por personas con la capacidad de escuchar y “dar incluso la vida” por la persona que quieren, ya sea amistad, familia o cualquiera de los muchos vínculos que hayan sido capaces de crear.

Desde este blog quiero prestar mi apoyo incondicional a “La Résistance” para que juntos podamos enseñar a escuchar al mundo.

viernes 15 de octubre de 2010

Microcuento para entradas de redes sociales ;)

¿Cómo puede ser que te eche tanto de menos? Si ni siquiera he conseguido estar contigo, salvo en mis sueños, en los que juntos caminamos bajo la luz de la Luna agarrados de la mano.
Sí, estoy enamorado de ti, me gustaría poder un día levantarme y verte dormidita a mi lado, poder despertarte con un beso y demostrarte que te amaría ... hasta el fin de mis días.

miércoles 12 de mayo de 2010

Quintas de España

Todo empezó como un pequeño sueño, veíamos como nuestras veteranas conseguían alcanzar la cima, cómo conseguían llegar a lo más alto y una vez allí seguían subiendo, hasta alcanzar una nueva meta jamás alcanzada por nuestra hermandad. Estaban en primera.

Nuestro año empezaba con algunas de nosotras viajando con las veteranas para ayudar en lo que podíamos, no debíamos quedarnos atrás, teníamos que seguir adelante con nuestros objetivos, pero a la vez ayudar en lo posible a las veteranas en la nueva etapa.

El año estaba siendo malo, nuestras veteranas no conseguían alzarse con las riendas de la victoria por más mala suerte que otra cosa y nosotras mientras seguíamos con nuestro camino con paciencia y sin perder un paso tras otro.

Y entonces llegó el mejor momento del año, nuestras veteranas en un acto heroico consiguieron destrozar la mala racha y sumaron su victoria, toda la hermandad, sus fundadores y directores, los empleados menores y los invitados e invitadas vivían momentos de gloria, fue un sueño hecho realidad.

Nuestras veteranas llegaron al final de su etapa con la cabeza bien alta, habían conseguido lo que nadie había conseguido hasta la fecha. Todas nosotras estamos orgullosas de ellas.

Sin embargo, de repente y sin darnos casi cuenta, escalábamos un peldaño y nos encontramos en nuestro santuario luchando por alcanzar nuestro principal objetivo, fue un fin de semana duro, pero tras mucho esfuerzo, conseguimos alcanzar el verdadero objetivo.

Todo eran risas y alegrías, muchos nervios, muchas ilusiones y con muchas ganas de seguir escalando peldaños, estábamos en la última parte de la escalera, al fondo veíamos el final, al alcance nuestros pasos.

Y con todos estos nervios e ilusiones llegamos a la fecha señalada y entendimos que era nuestra fecha, era nuestra oportunidad.

En el primer asalto nos pudieron los nervios, pero conseguimos salvarlo, seguíamos vivas tras un gran partido. No sólo conseguimos mantenernos, sino que habíamos dado un golpe de efecto demostrando al resto de rivales que seguíamos ahí.

Durante el segundo día, sólo la mala suerte se cruzó en un partido dirigido y controlado por nosotras desde el minuto 1. Volvimos a demostrar que no estábamos ahí por casualidad, sino por méritos propios.

El último día todo iba genial, éramos superiores, estábamos siempre adelante, cada vez veíamos más cerca nuestro premio, en el último segundo, en el último peldaño de la escalera, nos tropezamos y caímos, el sueño se desvanecía ante nuestros propios ojos.

Sin embargo, este año ha sido posiblemente el mejor año que jamás hayamos vivido, hemos conseguido no sólo ver nuestro sueño mientras dormíamos, sino que lo hemos tenido al alcance, me siento orgullosa de pertenecer a este equipo, jamás estaré tan feliz como hoy.

lunes 26 de abril de 2010

Mis vacaciones

Eran las 6 de la mañana y aún seguía tendida en la cama sin poder dormir, me iba de viaje a las 9 y el nerviosismo me impedía pegar ojo.

Siempre quise irme de viaje, conocer mundo, visitar nuevas culturas, y, ahora que mis padres habían decidido ir de vacaciones a Italia, no podía esperar más. Tenía muchas ganas de partir.

Sonó el despertador a las 8 de la mañana y me levanté de un salto de la cama, fui a la ducha, me vestí y me puse a desayunar en la cocina con mi hermana mayor y mis padres. Hoy tocaba desayunar bollería variada y leche.

Salimos en coche hacia Madrid y desde allí cogimos un vuelo a Roma, llegamos a las 8 de la tarde y mi primera impresión durante el trayecto desde el aeropuerto hasta la capital fue exquisita, todo era precioso.

En el hotel me tocó compartir habitación con mi hermana, pero eso no me importaba, es más, me gustaba ya que me llevo muy bien con ella. Nos tocó la habitación 1012, miré por la ventana y a pesar de estar en una décima planta, la altura asustaba realmente. Aunque la vista desde el hotel era preciosa. Se podía ver el Coliseo desde mi habitación.

Bajamos a cenar y yo me pedí unas tortitas y unas fresas con nata, nada especial. Salimos por la noche a ver Roma. Mi madre, siempre con la cámara en la mano, nos fue retratando a mi hermana y a mí por todos los sitios que pasábamos.

- Mamá, mira, hazme aquí otra foto. Grité.
- Cómo te gustan las fotos Lucía, pero es que llevamos 150 fotos hechas hoy y en tan sólo por la noche jeje. – Su sonrisa me encantaba, tras varios años de lucha, conseguí que dejase de fumar y ahora se la veía mucho más feliz.

Continuamos hasta la media noche, volvimos al hotel para dormir y descansar. Allí estuve hablando con mi hermana mayor emocionada como estaba, aunque creo que la desperté…

- Sara… Sara… ¡SARA!
- ¿Eh? Dime…
- Ui, ¿te he despertado? – Sabía que sí – Es que no puedo dormir, esto es precioso, me está encantando, la noche ha sido mágica, tanta alegría, tanta luz, tanta belleza… Ah, y no sólo los edificios, ¿eh? Cómo estaba el camarero… Ufff. – Se me escapó una sonrisa.
- Lu, tienes las hormonas disparadas, pero… Sí, estaba increíble.

Cogí el teléfono y como cada noche, marqué un número que nunca podré olvidar, hoy no podría hablar con él, pero siempre que lo hacía me dormía escuchándole y sonriendo. Siempre he sido feliz cuando hablaba con él.

A las 4 de la mañana mi hermana estaba levantada y mirando por la ventana, se la notaba triste por algo…

- Sara… ¿Estás bien?
- Sí Luci, - sonreía, aunque su mirada estaba triste.
- ¿Qué te pasa? Es que te notaba triste.
- Nah… Tranqui – Sus ojos azules brillaron con intensidad, fue una mirada tranquilizadora – Duerme que mañana tendremos que caminar mucho.

Me arropó, me dio un beso y me dormí pensando en ella, pero sobretodo… en él.