miércoles, 25 de junio de 2014

El Escape

http://minicuentosparatodos.wordpress.com/

sábado, 2 de marzo de 2013

Correr para ser libre


-¡Hoy salgo a correr! - Eso es lo que pensaba cada tarde que tenía libre tirado en el sofá en casa, pero al final me quedaba viendo alguna película o programa basura que hubiese con la excusa de hacer algo de ejercicio el día siguiente.

Una noche no podía dormir, así que me levanté y fui al balcón, hacía una noche muy buena y decidí salir a correr.

No sé si fue porque tenía ganas de correr o porque me encontraba solo en el parque a esas horas de la noche, tal vez era el sonido del agua del río que me acompañaba o la luna que brillaba con todo su esplandor, pero la sensación que tuve ese momento fue la misma que inspiró al gran William Wallace a rebelarse contra la sumisión, aquella que inspiró todas las revoluciones de nuestra historia, la sensación de libertad.

Tras varios meses consiguiendo salir a correr para vivir "libre" mi vida, me doy cuenta de que también he conseguido estar en mejor forma, he conseguido subir al trabajo y a casa por las escaleras y ya no me canso cuando juego con mis amigos una de nuestras pachangas al padel los domingos, incluso he llegado a terminar el partido sin estar tirado en el suelo perdiendo el aliento.

Lo bueno que he conseguido corriendo es tener más tiempo para poder pensar yo, para poder entender más mis propias preocupaciones, otros lo pueden conseguir mediante la meditación o un "retiro" pero a mí lo que me funcionó fue correr.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Mi vida... En otro país

Bajo del avión, aquí hace mucho frío y nos han hecho ir caminando por la pista hasta la única terminal del aeropuerto. La gente está tiritando, puedo distinguir por su idioma a ingleses, rusos, alemanes y algún japonés; yo soy español, pero parece que soy el único, así que prosigo mi marcha sin conversar con nadie.

Cuando salgo del aeropuerto, cojo el primer taxi y le digo la dirección de la residencia "Ciervo", que será mi casa durante estos 9 meses. El paisaje durante el largo viaje es precioso, está todo nevado, paso por una carretera abierta en medio del bosque, el límite es de 60 km/h pero no me importa. La gente lo respeta y no supera los 58, no hay radares, ni mucha policía, sin embargo el conductor me dice que se respira mucha paz.

Tras 2 horas de viaje, llego a la residencia, menos mal que hablan inglés, así, en ese idioma, me presento y me llevan a mi habitación. En principio iba a ser una habitación individual, pero finalmente tengo que compartirla con otro chico, se llama Otto y es japonés.

Durante los primeros 3 meses aprendo el idioma del país y voy a clase, conozco mucha gente y salgo de excursión todas las semanas. En navidad debería volver a casa, pero me quedo porque este país me ha enamorado, sus paisajes, su gente, su modo de vida...

Otto y yo nos llevamos muy bien y decidimos ir a pasar el fin de año en una casa típica de ese país con otros amigos, la fiesta es increíble a pesar de que no cuenta con ningún medio moderno. Todo está sin electricidad, ni agua corriente. Tenemos que caminar 1 kilómetro para encontrar la fuente de agua y volver a casa, el camino está cubierto de nieve y es fácil perderse, pero con las gentes del lugar, se llega muy bien y con buena conversación.

Los últimos días de mi viaje los pasé con Otto, Ra y Miguel (ambos italianos) de excursión por los países vecinos, ya había aprendido japonés, (bueno, tan sólo un poquito jeje) de tanto hablar con Otto y a veces nos comunicábamos así. Cuando iba a coger el avión de vuelta a España, me quedé ensimismado por el paisaje que pude disfrutar por última vez.

Ya han pasado varios años y creo que me iré a vivir allí. Otto va cada año porque tiene mucho dinero y me invitó a pasar un mes en su casa el año pasado. Tiene una casa pequeña con un jardín delantero y uno trasero, pero al tener dinero se lo puede permitir.

Yo, enamorado de un país, cuento los días antes de volver allí.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Malas noticias - Buena compañía


Salí del médico con malas noticias, me tenían que trasplantar porque si no podría morir, la operación era complicada y tenía mucho miedo. Llegué a casa y preparé la cena, tú llegabas cansada, así que decidí no contarte nada ese día. Cenamos, vimos un poco la tele y nos fuimos a dormir.

Miré el reloj, eran las 5 de la mañana. Seguías dormidita a mi lado, tus brazos me rodeaban y yo me sentía muy afortunado, tenía la vida perfecta y la perfección de esa vida, eras tú. Te miré fijamente, sonreí y me dormí.

Pasaban los días y cada noche seguía durmiéndome a tu lado, cada noche me abrazabas y me besabas antes de dormir, se te notaba feliz y yo no quería darte la mala noticia y destrozarte la feliz sonrisa con la que vivías cada día.

Se acercaba el momento de la operación y no sabía cómo decírtelo, te necesitaba más que nunca, pero no podía ni siquiera hablar contigo sin enfadarme por no saber cómo decirte lo mucho que ansiaba tu compañía y tu sonrisa. Cada vez hablábamos menos y tú querías marcharte de mi lado porque ya no te hacía sonreír, ya no eras feliz conmigo. Tenías la maleta preparada e ibas a decirme que te marchabas. Yo ese día llegaba del médico frustrado y triste con la noticia de saber la fecha exacta de la operación. Faltaba 1 mes.

Abría la puerta con desgana y saludé con un hilo de voz, debía decírtelo pero no sabía cómo hacerlo, no quería perderte. Caminé hasta el salón con los pies arrastrándose poco a poco, cruce el umbral de la puerta y te vi sentada en el sofá, te miré y tu cara estaba inexpresiva, con la mirada baja. Cuando conseguí saludarte, tú mirada se cruzó con la mía y tan sólo me pediste que me sentase a tu lado, teníamos que hablar.

La maleta estaba preparada en uno de los laterales del sofá, lejos para que yo no pudiese verla, tú estabas sentada en el sofá con la manta tapándote medio cuerpo.

– Tenemos que hablar – tu voz, dulce como la miel, sonaba distante. Yo me recosté en tus piernas y cogí tu brazo con el que me rodeé la cabeza y lo abracé con fuerza.

– ¿Qué te pasa? – Me preguntaste con voz cansada, yo, sabiendo que debía contestar, dije:

– Pues… (Titubeaba) Vengo del médico y (realmente estaba temblando, notaba cómo me temblaban las piernas y los brazos, tenía frío y sudaba). No he querido decírtelo antes porque no quería estropearte tu felicidad. Me tienen que operar en un mes (tú mantenías un silencio sepulcral así que decidí continuar hablando), perdón por no haberte hecho reír últimamente, he estado muy nervioso y no tenía fuerzas ni de hablar contigo y contártelo porque no quería hacerte sufrir. Pero te necesito a mi lado, necesito tu amor y sobretodo, tu cariño.

Noté cómo me abrazabas con fuerza, me levantaste la cabeza y con la manta tapaste la maleta para que nunca supiese que estuviste a punto de irte. Me cogiste la cabeza, me miraste fijamente durante un minuto, tus ojos estaban llenos de lágrimas, pero ya no se notaban distantes, sino que los sentía más cerca que nunca, te sentía más cerca que nunca. Acercaste tu boca a la mía y sin llegar a besarme…

– Te quiero cielo – Tras esas palabras, me besaste y me abrazaste con fuerza, desde ese momento supe que jamás podría vivir sin ti y que lucharía toda mi vida, por hacerte, sonreír.

Te conté lo del médico y supe que jamás volvería a sufrir.

martes, 6 de septiembre de 2011

Mi amor imposible

Mis amigas y yo siempre hemos tenido suerte con los chicos, pero un día Silvia me destrozó el corazón. Durante el verano, íbamos todos los días a la piscina y este año, por fin, trabajaba un socorrista con el que daban ganas de alegrarse, seguro que me entendéis :p

Cada día intentaba hacer lo posible para llamar la atención, pasar cerca de él para que se fijase en mí, pero al cabo de varias semanas, terminé entendiendo que prefería a mi amiga, ella no había mostrado interés hasta que yo le dije lo que pensaba. Entonces, incluso quedaron una noche para pasear. Yo les espiaba y vi todo lo que hicieron.

Ésa no fue la única noche que quedaron, sin embargo tan sólo se habían dado un beso de despedida una de esas noches, paseaban de la mano, como una pareja, pero luego se despedían como dos amigos.

El último día de piscina, el socorrista se bañó con todo el mundo, hizo piruetas con los chicos y agüadillas a algunas de nosotras, pero a la hora de cierre ahí estaban ellos abrazados, fundiéndose con el agua, se miraban intensamente, lo suyo era un amiro imposible, él marcharía para siempre, pero estoy segura de que ninguna mujer en su sano juicio pudiera olvidar ese momento.

Esa noche fue su última noche, yo decidí no seguirles esta vez, pero por lo que me contó mi amiga el día siguiente, su noche de amor fue completa y jamas le olvidaría (yo aún estoy enamorada de sus bonitos ojos, marrones verdosos, y de su sonrisa) y mi amiga habla de vez en cuando con él, espero tener la oportunidad de pode verle alguna vez, por eso aliento a mi amiga a seguir hablando con él, sabiendo que mío nunca será.

Escuchar

Diario de a bordo, Día 16 de febrero de 2011.

Continuamos vagando por el mar, hoy reflexionaré...

Escuchar hoy en día es algo de lo que nos hemos olvidado en vez de escuchar y después actuar, lo que hacemos es actuar como se dice vulgarmente, “sin pensar”, y ni siquiera somos capaces de escucharnos a nosotros mismos, ¿cómo íbamos a poder escuchar a los demás?

“Somos egocéntricos”, escribió una vez una antigua amistad y la verdad es que tiene parte de razón, sin embargo, y sin ánimo de ofender, he de añadir que muchas veces ni siquiera somos egocéntricos, es decir, ni siquiera pensamos en nosotros.

Un “estatus” de amigo lleva de forma inherente la capacidad de es cuchar y de velar por su recíproco. Sin embargo, de vez en cuando la vida nos envía a una realidad paralela en la que un amigo piensa en sí mismo destrozando los sueños y las ilusiones de aquella persona a la que debía apoyar incondicionalmente.

Aunque para ser plenamente objetivo, hay que admitir que no todo está perdido, aún hay una parte, “La Résistance” compuesta por personas con la capacidad de escuchar y “dar incluso la vida” por la persona que quieren, ya sea amistad, familia o cualquiera de los muchos vínculos que hayan sido capaces de crear.

Desde este blog quiero prestar mi apoyo incondicional a “La Résistance” para que juntos podamos enseñar a escuchar al mundo.

viernes, 15 de octubre de 2010

Microcuento para entradas de redes sociales ;)

¿Cómo puede ser que te eche tanto de menos? Si ni siquiera he conseguido estar contigo, salvo en mis sueños, en los que juntos caminamos bajo la luz de la Luna agarrados de la mano.
Sí, estoy enamorado de ti, me gustaría poder un día levantarme y verte dormidita a mi lado, poder despertarte con un beso y demostrarte que te amaría ... hasta el fin de mis días.