lunes, 13 de abril de 2009

Una hoja del diario

El Sol brillaba en lo alto del cielo, hacía mucho calor, tan sólo podíamos respirar en los pequeños resquicios de sombra que nos ofrecía la Giralda, se notaba mucho el verano en Andalucía ese año ya que estábamos en récords de temperatura, casi alcanzando los 35º.

Llevaba esperando esta excursión de fin de curso todo el año, y, ahora que ya soy profe y no tengo obligaciones de estudiar durante un tiempo, pensaba pasármelo mejor que en cualquier otro momento, aprovechar estas vacaciones al máximo y jamás olvidarlas.

Llegamos todas las de clase al hotel, un hotel de 4 estrellas precioso, las habitaciones eran gigantes y la ilusión que teníamos en ese viaje mejoró cuando dejamos las maletas y nos cambiamos para comer por ahí.

No había pasado ni una hora cuando ya estábamos rojas por el calor y por el Sol que nos quemaba la piel, pero qué gustazo, me encanta (y siempre será así) el calorcito, así que estaba con esa temperatura como "pez en el agua".

Volvimos al hotel bien llegada la noche, después de pasar un día maravilloso. Una vez en el hotel, decidimos cenar el menú en el restaurante y tras una ducha rápida, salir a conocer el ambiente de fiesta, porque teníamos ganas de desfasar y de descargar toda la adrenalina acumulada durante el curso.

Me puse el mejor vestido que tenía, me pinté un poco, sin pasarme, y fui a buscar a mis amigas para salir de fiesta. Esa noche fue especial, la gente andaluza es mucho más abierta que la gente que conozco de Castilla, así que todo el rato estábamos conociendo gente, además estábamos riéndonos mucho rato, fue una noche divertida.

Al volver al hotel, estaba tan exhausta que no pude despertar hasta las 3 de la tarde del día siguiente, cuando me desperté, tenía una nota en la mesita de noche, mis amigas se habían ido a ver la Giralda, jaja, y yo en la cama durmiendo, me vestí como pude y salí a trompicones de la habitación, ¡también quería verla! Llegué y vi a mis amigas haciendo cola aún, así que me puse con ellas y pude verla en todo su explendor.

Ahora ya estoy de vuelta en mi casa, preparando las oposiciones para poder dar clase y vivir del Ministerio. Gracias a mis amigas y a toda esa gente que me apoyó para poder realizar este viaje, al principio tuve mis dudas, mi novio estaba celoso por la cantidad de "opciones" que vería allí, que ciertamente había mucho más nivel que en Palencia, pero sin embargo, en ningún momento lo pensé, tan sólo disfruté como un buen amigo me recomendó una noche de esas que no puedo dormir, alguien que comparte conmigo esa afición por la nocturnidad, aunque el pobre me supera con creces...

A todos vosotros y a todas vosotras, Gracias.

[Escrito número 203 del diario de N. M. C.]

martes, 17 de marzo de 2009

Encuentros en el bar

Cuando me susurras al oido... todo vuelve a ser como Antes, y por un momento, olvido que ese Antes ya no existe...

Cuando me susurras al oido... te huelo. Aprovecho cada segundo para respirar más fuerte y guardar en algún rincón olvidado de mi cabeza tu olor, ese maldito perfume caro que se vuelve más intenso cuando te vas... para hacerme daño... para recordarme que ya no estás. ¿Sabes? tengo miedo de que pueda olvidarlo algún día, porque, a veces, es lo único que me queda cuando estás lejos...

[...Era sábado, y aquella noche el bar se encontraba lleno de gente].

Sí, conocías bastantes caras, algún que otro saludo forzado entre el humo del ambiente y sin perder el tiempo te dirigiste hacia el baño. Te costó bastante, a pesar de ser un bar tan pequeño, alcanzar la puerta. Al abrirla no te sorprendiste, el suelo encharcado, las paredes pintadas y por desgracia, el váter atascado, no podías hacer otra cosa que salir de allí. Otra vez esa sensación de agobio, te faltaba el aire, necesitabas escapar de toda aquella muchedumbre, entonces levantaste la mirada y allí estaba... sin duda era ÉL ¡Cómo lo echabas de menos! Vuestros ojos se cruzaron y no pudiste evitar lanzarle una sonrisa. Con actitud indiferente, clara estrategia para llamar su atención, pasaste a su lado y lo rozaste. Un impulso te llevaba a pararte y saludarlo, pero tus pies no dejaban de andar ¡Malditos! - pensaste algo confundida. La verdad, no te hizo falta enfadarte con tus pies. Él ya les había estropeado el plan de salir huyendo estirando su brazo e impidiéndoles el paso...

¡Hola! - TE SUSURRÓ AL OÍDO...

Entonces recordaste... la primera vez que te dijo... TE QUIERO.

Cuento cedido por Pau