El Sol brillaba en lo alto del cielo, hacía mucho calor, tan sólo podíamos respirar en los pequeños resquicios de sombra que nos ofrecía la Giralda, se notaba mucho el verano en Andalucía ese año ya que estábamos en récords de temperatura, casi alcanzando los 35º.
Llevaba esperando esta excursión de fin de curso todo el año, y, ahora que ya soy profe y no tengo obligaciones de estudiar durante un tiempo, pensaba pasármelo mejor que en cualquier otro momento, aprovechar estas vacaciones al máximo y jamás olvidarlas.
Llegamos todas las de clase al hotel, un hotel de 4 estrellas precioso, las habitaciones eran gigantes y la ilusión que teníamos en ese viaje mejoró cuando dejamos las maletas y nos cambiamos para comer por ahí.
No había pasado ni una hora cuando ya estábamos rojas por el calor y por el Sol que nos quemaba la piel, pero qué gustazo, me encanta (y siempre será así) el calorcito, así que estaba con esa temperatura como "pez en el agua".
Volvimos al hotel bien llegada la noche, después de pasar un día maravilloso. Una vez en el hotel, decidimos cenar el menú en el restaurante y tras una ducha rápida, salir a conocer el ambiente de fiesta, porque teníamos ganas de desfasar y de descargar toda la adrenalina acumulada durante el curso.
Me puse el mejor vestido que tenía, me pinté un poco, sin pasarme, y fui a buscar a mis amigas para salir de fiesta. Esa noche fue especial, la gente andaluza es mucho más abierta que la gente que conozco de Castilla, así que todo el rato estábamos conociendo gente, además estábamos riéndonos mucho rato, fue una noche divertida.
Al volver al hotel, estaba tan exhausta que no pude despertar hasta las 3 de la tarde del día siguiente, cuando me desperté, tenía una nota en la mesita de noche, mis amigas se habían ido a ver la Giralda, jaja, y yo en la cama durmiendo, me vestí como pude y salí a trompicones de la habitación, ¡también quería verla! Llegué y vi a mis amigas haciendo cola aún, así que me puse con ellas y pude verla en todo su explendor.
Ahora ya estoy de vuelta en mi casa, preparando las oposiciones para poder dar clase y vivir del Ministerio. Gracias a mis amigas y a toda esa gente que me apoyó para poder realizar este viaje, al principio tuve mis dudas, mi novio estaba celoso por la cantidad de "opciones" que vería allí, que ciertamente había mucho más nivel que en Palencia, pero sin embargo, en ningún momento lo pensé, tan sólo disfruté como un buen amigo me recomendó una noche de esas que no puedo dormir, alguien que comparte conmigo esa afición por la nocturnidad, aunque el pobre me supera con creces...
A todos vosotros y a todas vosotras, Gracias.
[Escrito número 203 del diario de N. M. C.]
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