9.00 de la mañana. Suena el despertador, me levanto de la cama y me dirijo a subir la persiana. Con el pijama y arrastrando los piés dentro de las zapatillas, llego a la cocina, como siempre, desayuno leche fría con unos cereales. Cuando termino de desayunar, dejo el tazón en el fregadero y vuelvo a la habitación a cambiarme. Una vez listo con la ropa del día (sin mirar si voy conjuntado, si voy "guapo", en verdad, me pongo lo primero que se me ocurre...) salgo hacia la puerta. Cojo mis llaves, la cartera y el móvil, el orden puede cambiar de día en día, y salgo hacia el trabajo.
Aún no me he presentado correctamente (ni creo que lo haga) pero simplemente decir que vivo en una casa de cuatro habitaciones yo solo, ni siquiera tengo mascota, siempre he pensado en tener un gato, o un perro, pero la verdad, nunca me decidí y al final, nunca lo tendré.
A mi trabajo se puede llegar andando, así que rara vez cojo el coche, sólamente si ese día me levanté más tarde o ese día no dormí. Trabajo en un gimnasio, soy el jefe, pero la verdad es que también estoy en algunas clases ayudando, así como en la piscina cuando se me necesita, de momento ningún empleado se ha molestado, así que supongo que o soy un buen jefe o soy alguien que da mucho miedo, y miedo, miedo... creo que no jeje.
Suelo pasarme bastantes horas en el gimnasio, no suelo abrir ya que se abre a la hora que me levanto yo, pero luego sí que estoy para el cierre. Algunos preguntan que si no tengo vida social a lo que suelo responder con unas "minivacaciones" yéndome a esquiar con mis amigos o a la playa, aunque en verdad me quedo encerrado en mi casa del pueblo donde nadie me va a ir a buscar, en mitad de las montañas, allí tengo lo suficiente para vivir durante unos días. Cuando creo que ya puedo tener unas vacaciones buenas, vuelvo contando historias que nunca ocurrieron.
Esos son en definitiva mis días. La verdad es que muchas veces cuando me voy a dormir, me miro en el espejo y pienso: "Un día más, al menos, sigo vivo". Sonrío y me meto en la cama a pensar en aventuras fantásticas con superpoderes o en princesas que se enamoran de mí, o tan sólo en aquélla mujer que en ese momento se encuentre rondando mis pensamientos.
Una noche, me desvelé a las 4.00 y decidí ir a dar un paseo por los alrededores de mi casa, me puse el MP4 y salí a recorrer la ciudad. Mientras caminaba, me iba acercando al Río Carrión, mirando el agua, me di cuenta que ese día había luna llena, pero cuando miré hacia arriba, la luna no estaba en el cielo, ¿cómo era eso posible? Me iba acercando a la luz que se veía en el agua, para comprobar dónde estaba la Luna, ya que sólo podía verse el reflejo. Estaba encima del reflejo y la Luna seguía oculta en el cielo, pero no sólo la Luna, sino, todas las estrellas, era incapaz de vislumbrar La Estrella Polar, La Osa Menor, ..., nada, no se veía nada. De repente mis piernas empezaron a temblar y vi que me estaba hundiendo en el fango del río, no sabía cómo actuar, conseguí mantener la calma y salir nadando, pero era imposible.
De repente, una voz me susurró al oído: "¿Quieres morir? O por lo contrario ¿Prefieres seguir viviendo?"
Tardé en reaccionar, pero al final, le dije que quería seguir viviendo, a lo que la voz me propuso su plan...
"Te dejaré vivir, pero con una condición, a partir de ahora tendrás que mejorar un poco tu vida, salir, conocer gente, leer, es decir, volver a ser persona".
Yo, viendo que era mi única posibilidad de vivir, acepté, mi vida ha cambiado un poquito, intento a toda costa vivir, disfrutar de la vida, pero cada vez que lo intento y me arriesgo, pierdo y no me sale bien...
Es tan difícil ser feliz cuando estás solo... que hay veces que vuelvo al río buscando la Luna para poder hundirme con ella.
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