Todo empezó como un pequeño sueño, veíamos como nuestras veteranas conseguían alcanzar la cima, cómo conseguían llegar a lo más alto y una vez allí seguían subiendo, hasta alcanzar una nueva meta jamás alcanzada por nuestra hermandad. Estaban en primera.
Nuestro año empezaba con algunas de nosotras viajando con las veteranas para ayudar en lo que podíamos, no debíamos quedarnos atrás, teníamos que seguir adelante con nuestros objetivos, pero a la vez ayudar en lo posible a las veteranas en la nueva etapa.
El año estaba siendo malo, nuestras veteranas no conseguían alzarse con las riendas de la victoria por más mala suerte que otra cosa y nosotras mientras seguíamos con nuestro camino con paciencia y sin perder un paso tras otro.
Y entonces llegó el mejor momento del año, nuestras veteranas en un acto heroico consiguieron destrozar la mala racha y sumaron su victoria, toda la hermandad, sus fundadores y directores, los empleados menores y los invitados e invitadas vivían momentos de gloria, fue un sueño hecho realidad.
Nuestras veteranas llegaron al final de su etapa con la cabeza bien alta, habían conseguido lo que nadie había conseguido hasta la fecha. Todas nosotras estamos orgullosas de ellas.
Sin embargo, de repente y sin darnos casi cuenta, escalábamos un peldaño y nos encontramos en nuestro santuario luchando por alcanzar nuestro principal objetivo, fue un fin de semana duro, pero tras mucho esfuerzo, conseguimos alcanzar el verdadero objetivo.
Todo eran risas y alegrías, muchos nervios, muchas ilusiones y con muchas ganas de seguir escalando peldaños, estábamos en la última parte de la escalera, al fondo veíamos el final, al alcance nuestros pasos.
Y con todos estos nervios e ilusiones llegamos a la fecha señalada y entendimos que era nuestra fecha, era nuestra oportunidad.
En el primer asalto nos pudieron los nervios, pero conseguimos salvarlo, seguíamos vivas tras un gran partido. No sólo conseguimos mantenernos, sino que habíamos dado un golpe de efecto demostrando al resto de rivales que seguíamos ahí.
Durante el segundo día, sólo la mala suerte se cruzó en un partido dirigido y controlado por nosotras desde el minuto 1. Volvimos a demostrar que no estábamos ahí por casualidad, sino por méritos propios.
El último día todo iba genial, éramos superiores, estábamos siempre adelante, cada vez veíamos más cerca nuestro premio, en el último segundo, en el último peldaño de la escalera, nos tropezamos y caímos, el sueño se desvanecía ante nuestros propios ojos.
Sin embargo, este año ha sido posiblemente el mejor año que jamás hayamos vivido, hemos conseguido no sólo ver nuestro sueño mientras dormíamos, sino que lo hemos tenido al alcance, me siento orgullosa de pertenecer a este equipo, jamás estaré tan feliz como hoy.