Cuando me susurras al oido... todo vuelve a ser como Antes, y por un momento, olvido que ese Antes ya no existe...
Cuando me susurras al oido... te huelo. Aprovecho cada segundo para respirar más fuerte y guardar en algún rincón olvidado de mi cabeza tu olor, ese maldito perfume caro que se vuelve más intenso cuando te vas... para hacerme daño... para recordarme que ya no estás. ¿Sabes? tengo miedo de que pueda olvidarlo algún día, porque, a veces, es lo único que me queda cuando estás lejos...
[...Era sábado, y aquella noche el bar se encontraba lleno de gente].
Sí, conocías bastantes caras, algún que otro saludo forzado entre el humo del ambiente y sin perder el tiempo te dirigiste hacia el baño. Te costó bastante, a pesar de ser un bar tan pequeño, alcanzar la puerta. Al abrirla no te sorprendiste, el suelo encharcado, las paredes pintadas y por desgracia, el váter atascado, no podías hacer otra cosa que salir de allí. Otra vez esa sensación de agobio, te faltaba el aire, necesitabas escapar de toda aquella muchedumbre, entonces levantaste la mirada y allí estaba... sin duda era ÉL ¡Cómo lo echabas de menos! Vuestros ojos se cruzaron y no pudiste evitar lanzarle una sonrisa. Con actitud indiferente, clara estrategia para llamar su atención, pasaste a su lado y lo rozaste. Un impulso te llevaba a pararte y saludarlo, pero tus pies no dejaban de andar ¡Malditos! - pensaste algo confundida. La verdad, no te hizo falta enfadarte con tus pies. Él ya les había estropeado el plan de salir huyendo estirando su brazo e impidiéndoles el paso...
¡Hola! - TE SUSURRÓ AL OÍDO...
Entonces recordaste... la primera vez que te dijo... TE QUIERO.
Cuento cedido por Pau