martes, 14 de agosto de 2007

La enorme roca

Al fin, este viaje ha merecido la pena. Esta vista es magnífica - Edu estaba ensimismado observando cómo las olas atizaban a las rocas. Desde su posición, estaba a salvo de la fuerza que tenía el mar ese día de tormenta.

Se encontraba en la cima del precipicio, mirando hacia abajo, hacia el mar. Éste golpeaba fuertemente la pared de la montaña, parecía enfadado y que con su cólera insaciable, quisiera arrancar la montaña del suelo y llevársela consigo.

El viaje de Edu había comenzado para celebrar su graduación en la universidad. Marchó junto con unos amigos a Laredo, un pueblo de Cantabria cercano al País Vasco. Pero esa mañana, se había levantado temprano para subir a una montaña que desde niño admiraba. Preguntó y descubrió un camino hasta la cima. Una vez allí, se levantó un gran viento, que en el norte llaman Galerna, y Edu, en vez de regresar al camping, se quedó disfrutando del espectáculo que le brindaba el mar.

De repente oyó unas voces que parecían gritar su nombre.
- ¿Quiénes sois? ¿Dónde estáis? - preguntaba asustado Edu.
No hubo respuesta, al cabo de unos minutos, volvieron a llamarle, esta vez, las voces eran más cercanas. Alzó la vista y vislumbró una silueta en la falda de la montaña.
- ¿Qué quieres de mí? - Terminó por preguntar Edu.
- Has de bajar por mí, hasta encontrar una cueva, ayuda a mi hermano. - Dicho esto, la silueta no contestó a más preguntas.

La tormenta le azotaba el cuerpo, el viento era fuerte y no quería dejarle llegar hasta la cueva. La lluvia le había empapado toda su ropa, pero al final llegó.Una vez dentro, encontró una enorme roca en la que se podía leer "Mi nombre es Santiago, esta roca es mi tumba, querría volver con mi hermana Isabel, por favor, mueve la roca, libérame". Al lado de esta escritura, que era muy antigua, se podían leer "intentos" y junto a éstos, unos números. Edu contó 105 intentos. Cada uno con el nombre de la persona que lo intentaba.

La piedra era enorme y Edu sabía que no podría moverla, pero tenía que salvar al chico. Cogió un trozo de tiza que había por el suelo y escribió "Edu - 106" y empujó con fuera la roca.

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