Una vez en casa, volvió a leer la carta entre las sombras de la noche, comprendiendo que ya no podría volver a estar junto a ella. Pero ella y él quedaron en ser amigos y hablar y quedar algún otro día.
Tiempo adelante, quedaron y disfrutaron de un día perfecto en el que no faltó de nada, ni siquiera esos besos que tanto les gustaba darse.
El amor que les unió una vez, ahora los separaba para siempre. Él no fue capaz de dejarlo pasar, de permitir al tiempo hacer su trabajo, no quería perder a esa chica para siempre, sin embargo un día, se dio cuenta y dejó de llamar, no más contacto, de ningún tipo.
Al fin ella pudo disfrutar de una libertad hasta entonces robada, pudo vivir sin temor a una llamada, una carta, algo que, aun siendo especial para ella (él siempre será muy especial), le daba pinchazos en el corazón.
Él por su parte, aprendió a vivir con la sensación de haber dejado la posibilidad de estar con quien, para él y sólo para él, se convirtió en su día en la mujer que todos desean, o como se dice popularmente, "la mujer de su vida".
Ahora todo es tan sólo un lejano recuerdo en el que ambos se refugian alguna vez para no olvidarse, no hubo nunca mayor contacto, ni siquiera intentaron volver a tomar un café. Hasta que un día...
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