- Paula, ¿estás lista?
Con estas palabras me despertaba el profesor Hussel, ya habíamos llegado a la Gran Barrera de Coral de Australia...
- Guau!!! Esto es alucinante, Profesor Hussel, ¿de verdad que vamos a poder bucear en este paraje?
Mi cara estaba desencajada de lo contenta y sorprendida que estaba en esos momentos, desde encima de la lancha, lo único que veía era una gran "pequeña muralla" verde con zonas blancas que se erguía intentando llegar a la superficie, intentando alcanzar la superficie de un mar cristalino, de un agua azul tan clara que se podían ver a los peces payaso mientras huían a esconderse en su pequeña anémona, o como las tortugas parecen no inmutarse de nuestra presencia y siguen su camino por debajo de nuestra lancha.
- Bien, ahora os explicaré cómo vamos a realizar estas inmersiones - el Profesor Hussel comenzaba su explicación mientras no podía dejar de mirar el precioso zafiro en el que se había convertido el mar - ¿lo habéis entendido?
Vaya, otra vez que me he perdido lo que ha dicho el Profesor, la verdad es que no sé cómo me ha podido elegir, si sabe que pierdo la concentración fácilmente con cosas tan maravillosas como ésta.
Comenzamos la inmersión, íbamos de parejas para que no hubiese ningún accidente, me tocó ir con Edward, era un chico majo, pero tampoco había tenido la posibilidad de conocerlo más profundamente.
Durante la inmersión vimos una cantidad de especies inimaginable, a pesar de que el coral se estaba muriendo, de ahí sus partes blancas, debido a la contaminación, pero en sus partes aún fértiles, florecían las anémonas, pólipos,... miles de peces coralinos de colores nadaban a nuestro alrededor como si una música invisible guiase sus danzas, un pez payaso se quedó un buen rato junto a mis gafas, intentando averiguar quién era esa extraña criatura que había invadido su espacio, era de un color rojo vivo, con la cantidad de luz que entraba en el agua a las 12 de la mañana, se podía ver al pececito brillar con todo su explendor, cuando se cercioró de que no era una amenaza se marchó.
El resto del día conseguí sacar fotos gracias al estuche de mi cámara, que la hacía impermeable al agua, siempre me ha gustado sacar fotos y así tener mis recuerdos no sólo grabados en mi memoria, sino también en la cámara de fotos, en el ordenador o impresas en papel fotográfico.
Cuando nos íbamos a ir, nos pasó rozando un tiburón de puntas blancas, jamás pensé que un tiburón dejase una sensación de paz, era bello, las puntas de sus aletas eran blancas como el ágata blanca, o como el mármol, el resto de su cuerpo era largo y estrecho.
Cuando llegué a casa, telefoneé a mis padres, estaba claro, me había enamorado del arrecife y allí estaría mi residencia, al menos, por el momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario