martes, 16 de septiembre de 2008

Para mi Princesa

Esta historia comienza el día en el que paseando por la arena, me di cuenta de lo maravillosa que era la puesta de sol, fue cuando, tras quedarme varios minutos viendo como la tenue luz naranja iba ocultándose bajo el manto turquesa del mar, me acordé de la princesa que ocupaba todos mis pensamientos.

Su nombre importa más bien poco, su aspecto era el aspecto que debían mostrar los ángeles, era demasiado bella para mí, lo sé, pero igualmente a partir de ese momento supe que debía hablar con ella y decirle todo lo que sentía, ya que sino, no podría volver a mirarme al espejo, quedaría como el mayor cobarde de la historia.

Cogí el coche y marché hacia Palencia, lugar en el que mi princesita vivía, era una pequeña ciudad castellana, estaba en un valle gobernada por un gran cristo, segundo más grande del mundo, llamado "El Cristo del Otero". Este Cristo protegía la ciudad bajo su atenta mirada.

Llegué en tres horas, pues tenía mucha prisa. Cuando llegué eran las once de la noche y sabía dónde podía encontrarla. Todas las noches se reunía con sus amigas en su lugar preferido de Palencia, era un banco a la orilla de un gran lago, ese lugar era un lugar de paz y de armonía en el que discutir acerca de cualquier tema, teniendo al lado una gran superficie que ayudaba a que las malas vibraciones desapareciesen lentamente.

Aparqué el coche en un aparcamiento cercano al lago y comencé a caminar, al principio muy lentamente, pero apresurando el paso mientras me acercaba a ella, al final terminé corriendo mientras oía su dulce cantar, su voz era melodía para mis oídos, con una sola de sus sonrisas podía conmover al ser humano que quisiese y con una sola de sus miradas te enamoraba para siempre. Giré la última curva y ahí estaba, como había predicho, sonriendo junto a sus amigas con el gran lago al fondo.

Me acerqué lentamente, el corazón lo tenía en un puño y no sabía bien que iba a decirle exactamente, pero no podía seguir engañándome, ella era el amor de mi vida, así que me acerqué y rocé su cabello con mis manos, ella se giró y me mostró una de las sonrisas más bellas que he visto. Su mirada se cruzó levemente con la mía y entonces es cuando cogiéndola de la mano, le pedí que me acompañase hacia la orilla del lago que tenía que decirle uno de los secretos mejor guardados del mundo.

Avanzábamos despacio, a un ritmo muy acompasado, las ideas resonaban en todos y cada uno de los huecos de mi cabeza pero no conseguía enfocarlas para poder llamar su atención. Nos paramos y la criatura celestial que tenia ante mí comenzó a sonreírme y a mirarme, mi corazón no era capaz de parase y continuó latiendo con un ritmo frenético, pensé que iba a darme un paro cardíaco, pero en ese momento, las palabras salieron de mi boca como una fuente rebosante de agua, no me daba tiempo a pensar lo que estaba diciendo, sé que le dije que la quería, sé que dije todo lo que tenía que decir, pero no consigo recordar su respuesta.

Creo que me marché antes de que ella pudiese responder, alejándome de mi fracaso, o al menos eso pensé cuando huí de allí.

Los días seguían pasando y yo seguía evitando al amor de mi vida, no quería un "no" por respuesta y aunque no estaba seguro de que me rechazase, no podía dejar de pensar que ella me alejaría de su vida.

Un día en el que acudí a la orilla del lago para descansar de una estresante jornada, pude ver a sus amigas hablando y riendo como siempre, pero ella no estaba, sin querer me fui acercando y comencé a hablar con ellas como había otras muchas veces, entonces apareció de la nada, mi ángel llegó, su cara mostraba preocupación, no supe cómo, pero le mostré una sonrisa cómplice y ella se sentó a mi lado, se recostó y cerró los ojos. Parecía encontrarse en paz, ahora sus facciones eran mucho más suaves, uno de sus brazos rodearon mi cintura y yo terminé de protegerla pasando uno de mis brazos por detrás de su espalda y abrazándola con mucho cariño, sin mirarme, sonrió y se acurrucó.

Estuvimos hablando incluso después de que sus amigas abandonasen el refugio del lago, la verdad es que el amanecer nos pilló de sorpresa y nos retornó a la realidad, esa noche fue un sueño hecho realidad, al fin comprendí que ella también quería estar junto a mí.

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