lunes, 5 de abril de 2010

En tus recuerdos soy feliz

El viaje estaba siendo una tortura, demasiado largo y demasiado pesado, debíamos ir de incógnito para que no nos descubriese el enemigo, pero el camión que nos dejaron, era muy lento. Aunque para mí estaba siendo una tortura mayor que para los demás, durante todo el viaje estuve pensando en tu carita de ángel, verte dormidita a mi lado no es algo fácil de olvidar y ahora que ya no estás a mi lado, es un dolor muy fuerte en el corazón.

Me pediste que me alejase de ti, que no querías que estuviese a tu lado y yo lo hice, no sin pelear por ti antes, pero cuando vi que la lucha era en vano, marché lo más lejos que pude, pero sigo pensando en ti, tu pelo rubio ondeando a la luz de la luna, siguiendo el ritmo de las olas, mientras me mirabas y me decías que me querías, tantos recuerdos...

Me desperté de mi letargo cuando llegamos y el capitán nos mandó desembarcar, estábamos en una zona llena de fuego y sufrimiento, mi pena era tal que aquéllo me pareció el paraíso, fuimos al cuartel general donde se nos dio las instrucciones pertinentes para la misión que nos aguardaba, debíamos conseguir sobrevivir durante una semana los ataques de los invasores, éramos la fuerza defensiva de refuerzo, pero cada semana morían todos, yo, espero poder aguantar y sobrevivir. Nos anunciaron que si sobrevivíamos durante un mes, seríamos libres de volver y tendríamos una paga de por vida, pero nadie lo había conseguido aún. Era una misión suicida.

Los que allí nos encontrábamos éramos mercenarios o gente con ganas de encontrar un sentido a la vida, lugar que me correspondía a mí. En las literas aún había recuerdos de los soldados muertos, cartas que no se pudieron enviar o fotos de sus familiares. Yo, había venido con tan sólo una foto en la que se podía ver lo hermosa que eras, estabas sonriendo a la orilla del mar.

Esa noche ya tuvimos ataques, muchos de nosotros murieron en la primera batalla, aunque yo conseguí mantenerme despierto y la emboscada no me pilló.

Así pasaban los días, luchando por nuestra vida, en los ratos libres, que eran los menos, conseguí escribirte una carta, no querías saber nada de mí, pero me pareció que así mi conciencia terminaba tranquila, no sé ni si te llegaría o no, pero escrita estaba, con tu dirección y tu foto pegada para que no se te olvidara sonreir jamás.

Llegué a un acuerdo con el capitán para hacer sus guardia y que mandase mi carta. Una noche comencé a escuchar ruidos y cuando me quise dar cuenta note un fuerte dolor en el pecho, estaba atravesado por cinco balas, sangraba a borbotones y me dormí pensando en ti, ojalá nunca me olvidases como yo nunca te olvidé. En mis últimos recuerdos, escuché al capitán diciendo que mandaría mi carta, que estuviese tranquilo, sonreí y recuerdo que no tuve más fuerzas, me dejé llevar con tus recuerdos. Habían pasado 3 semanas de guerra.

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